Por un momento, Evelyn solo miró al techo, desorientada. Luego su mirada se deslizó lentamente hacia un lado.
Hacia Roman.
Había una lágrima deslizándose por su rostro.
Se quedó helada.
Evelyn nunca había visto llorar a Roman. Ni una sola vez. La imagen la impactó tanto que la sacó aún más de la niebla.
—¿Roman…? —Su voz salió ronca. Su garganta se sentía como papel de lija.
Él levantó la cabeza de golpe. Tomó su mano al instante, aferrándola como si pudiera desaparecer.
—Estoy aquí.
—¿Qué pasó