Cuando Evelyn salió del baño, su expresión había vuelto a ser serena.
Sus labios formaban una ligera sonrisa, pero sus ojos la delataban. Estaban vigilantes y distantes.
Roman lo notó al instante. Sintió un leve pánico.
Se disculpó con Caspian en medio de la conversación y cruzó el salón hacia ella.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.
—Estoy bien —respondió ella, igual de baja.
Él la estudió medio segundo más y luego asintió una sola vez.
—Espera un poco. Le diré al tío que nos vamos.
Ella no