Evelyn despertó con la luz brillante filtrándose a través de las cortinas.
Por un rato, su cerebro se negó a funcionar. Todo se sentía espeso y lento, como si estuviera bajo el agua. Su cuerpo pesaba. Incluso levantar los dedos le costaba esfuerzo.
Parpadeó de nuevo.
«¿Dónde estoy…?»
Le dolía la cabeza de forma sorda. Intentó sentarse, pero sus extremidades se sentían débiles y entumecidas. Aun así, se obligó lentamente y con cuidado a incorporarse.
Fue entonces cuando lo sintió.
Un brazo grues