Habían pasado tres días y el escándalo en línea no hacía más que crecer. Ya no era solo noticia: se había convertido en entretenimiento en internet.
Videos dramáticos recreando el «triángulo amoroso» inundaban las redes sociales. Escritores publicaban historias serializadas. Memes y hashtags se volvían tendencia global. Maya, interpretando el papel de santa con el corazón roto, veía cómo su número de seguidores se disparaba. Su modesta carrera actoral de repente bullía con ofertas de grandes es