—¿Me besarás cada vez que te de la gana? — preguntó una acalorada Carla tocándose los labios, unos que aún le dolían por el férreo arrebato de Maximiliano.
—Las parejas se besan, Carla, ¿quieres que te recuerde que soy tu esposo?
Paralizada por un par de segundos, rompió a reír.
—Esto es una locura. —Ella aún reía, cada vez más asombrada por cómo las cosas se estaban dando, colocando su mirada sobre ningún lugar en específico, tocando su cara, negando con su cabeza.
—En pocas horas se acabará e