Max sonrió, restregando sus párpados de nuevo y se despidió después, colgando la llamada.
Miró la hora en su reloj de muñeca: las 20:00 horas. Quedó en llamar a George y Lenis, a su madre y a Peter también para felicitarles, tal vez hacer una vídeo llamada con ellos, pero aún les dejaría disfrutar, era temprano allá, además, no tenía ganas de dar lástima.
Se tomó el contenido de la copa de un trago y la dejó sobre la cornisa de pared que encerraba el climatizado lugar, el cual, además de ser gi