—Buenos días —saludó Maximiliano, entrando al área de comedor de su casa, a una Carla ensimismada, leyendo el titular de farándula de esa mañana.
Ella no respondió los buenos días, porque en definitiva, ya no eran buenos.
Logró dormir un poco luego del desvelo de la madrugada. Afuera estuvo nevando, por lo que la calefacción, funcionando a la perfección, generó calidez en su habitación y despertar así, poder abrir las cortinas y contemplar caer los copos de nieve sin presión, la calmó sobre man