En ese momento, sonó la puerta.
—Adelante —dijo Carla.
Maximiliano abrió la madera y alzó sus cejas al ver a las tres mujeres reunidas en esa alcoba, con copas, pasapalos y risas. Por un momento sintió miedo de estar allí.
—¿Qué está pasando aquí?
Seda puso los ojos en blanco y se levantó.
—Estamos conspirando en contra tuya, querido hijo, ¿no lo ves? Lenis, vámonos. Los novios querrán quedarse un momento a solas.
—¿Qué? No, tranquila, señora Seda, podemos seguir conversando —atajó una Carla nu