RYAN
Olió la sangre antes de que comenzaran los gritos.
Se pegaba al viento: metálica, fuerte, familiar de la peor manera posible. Me quedé congelado a mitad de la muralla este mientras el olor me llegaba a la garganta.
El vínculo de la manada se cortó.
Guardias, ciudadanos, centinelas… uno a uno, su presencia se apagó del vínculo.
Mi lobo se puso en alerta. Mi lobo dio la alarma.
—¡Ahhh…!
Diferentes tipos de gritos.
—¡Arghhhhh!
No pensé.
Cambie de dirección en pleno aire, desgarrando piedra,