AARON
El pulso de la ciudad latía a mis pies, su ritmo invencible avivando el mío. Estaba de pie en mi ático, contemplando el vasto horizonte que brillaba bajo la luz de la medianoche. Abajo, el mundo era frenético, discordante e irrelevante. Yo lo gobernaba todo desde donde me encontraba: el imperio de la moda que había construido como fachada, las intrincadas trampas que tejía, las vidas que controlaba a mi antojo.
Y nada de eso importaba. No realmente.
Ella sí.
Hailey Quinn.
Su nombre era un