MARISSA
Podredumbre, desesperación y sudor impregnaban la guarida de los renegados. Una linterna colgaba del techo, su llama danzando y proyectando luces grotescas que giraban por las paredes. Ni siquiera los lobos más astutos deberían poder rastrearme, porque me acurrucaba en el rincón más oscuro y estaba oculta bajo un hechizo.
Lucy era fría e imperiosa, y su voz cortó el aire tenso como un cuchillo.
—¿Os dais cuenta todos de lo importante que es esta misión?
Avanzó delante de los renegad