JADEN
El aroma a corteza vieja, lavanda quemada y incienso pulido me envolvió en cuanto entré en el estudio. Madre siempre mantenía esta habitación como un santuario, silenciosa e intacta por el tiempo y las presencias, un templo del pensamiento. No le había dicho a nadie que vendría; se suponía que era una sorpresa. Cursi, sí, sobre todo teniendo en cuenta que mis hermanos y yo ya éramos padres y que en su momento hice una rabieta y odié a mi madre más que a nadie por separarnos a todos. Pero