MARISSA
El espacio era estrecho, asfixiante bajo la presencia que ocupaba el umbral.
Un escalofrío me recorrió la columna como hielo cuando apreté mi agarre sobre Alexia; su temblor era apenas perceptible, pero estaba ahí.
El golpe en la puerta sonó de nuevo, esta vez más fuerte, más insistente.
Giré la cabeza hacia la puerta, con el corazón latiéndome contra las costillas.
Habían llegado.
Jaden. Jermaine. Jackson.
Los trillizos habían venido a por su compañera, mi preciosa hija.
Alexia