LIANDRA
El castillo brillaba plateado bajo la luna, con su resplandor inundando las altas ventanas mientras me movía en silencio entre las sombras. Las palabras de mi madre pesaban sobre mi mente, la orden grabada en mí, hilo a hilo, hasta que quedé inextricablemente atada.
—Debes estar presente cuando él flaquee.
—Debes recordarle su lugar.
Jermaine es nuestro. Siempre lo ha sido.
No permitiré que me lo quiten.
El frasco del hechizo quema frío en mi mano mientras me apoyo contra la fría pared