Caminaba por los pasillos del hospital hacia la habitación de mi padre, junto a mi hermana, que no paraba de preguntar e insistir sobre la última llamada que había recibido, esa que había mantenido con el señor Miyagui…
Pero no entiendo – comenzaba de nuevo, después de que le hubiese explicado, omitiendo algunos detalles, que el señor Miyag