Angelina observaba el libro azul, deslizó los dedos por la delicada tapa de terciopelo. Se trataba de un libro hermoso con una historia asombrosa, lo abrió y leyó, como tantas veces, la dedicatoria que Claudia Wiggins había escrito para su hijo. Clara ingresó en la estancia y se aproximó a su hija. Angelina la observó y sonrió, ella se mostraba tan hermosa y distinguida. Sin embargo, la sonrisa se le apagó al recordar la triste historia que su progenitora le había relatado, su infancia quedó ma