CAPÍTULO LXXIV
MANTENER LA CALMA

JULIA

No quise seguir pensando que era ella, así que mientras calibraba en la cabeza quién era llamé a mis hombres con las indicaciones que había recibido de Ángelo, al pensar un poco en lo esquivo que estaba ese con la identidad de la persona a rescatar se me vino a la cabeza «¡Miriam!», dije de inmediato y la llamé, quiero está segura de que no es ella, claro que no es ella, la dejé bien protegida con Antone sé qué ese tonto de mi primo no la iba a dejar sola, mucho menos i
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