«Vaya discusión que traen estos dos» pienso para mí al verlos llegar de esas maneras. Cruzo el pasillo y llamo con suavidad a la puerta de Lesley, está tan cabreada que no quiero ser yo quien pague los platos rotos.
—¡Vete! No quiero verte más —la escucho gritar, desde el pasillo.
—Lesley, querida... ¿Quieres abrirme? Por favor —Estoy tan preocupado por ella que, casi le suplico desde el otro lado de la puerta.
—Dame un segundo, solo eso. No quiero que me veas así —responde, creo que desde