“¡Maldita sea!”
Ashvin golpeó la mesa con la mano, haciendo que los papeles se deslizaran ligeramente. Se frotó las sienes, intentando concentrarse, pero era imposible. La concentración se le escapaba. Algo lo consumía—alguien.
Esa mujer.
Su voz. Sus ojos. Su sonrisa.
Había quedado fascinado desde el momento en que la vio. Aquella noche—había sido perfecta. Eléctrica. Salvaje. Dulce de una manera que permanecía mucho más tiempo del que debería.
Recordaba cómo sus labios rozaban su piel, la incl