93. CONTACTO HÚMEDO
—¿Por qué puedes confiar en el lobo, pero no en mí?
Me congelo ante esas palabras. Mis manos quedan en su pecho y entonces siento que afloja ligeramente su agarre.
—¿Cómo sabes de mi lobo? —pregunto con mi cabeza escondida en su pecho.
Lo escucho reír con sarcasmo.
—¿Tu lobo? ¿El lobo puede ser tuyo pero yo no? ¿Cuándo se trata del lobo si puedes hablarme bien? —hace una pequeña pausa anteS de seguir hablando, pero ahora con un tono más íntimo— ¿Acaso no lo merezco?
Un hormigueo recorre mi cuerp