48. ESPERANDO MI CONFESIÓN
—¡Padre Juan Benedicto! ¡Padre Juan Benedicto!
La insistente voz de la religiosa y los golpes en la puerta me arrancan del sueño con un sobresalto. Mis ojos se abren de golpe, la oscuridad de la habitación se mezcla con la pálida luz entre las gruesas cortinas. ¿Qué habrá ocurrido para que me busquen tan temprano? Me incorporo lentamente, todavía atrapado entre el cansancio y la vigilia. Extiendo una mano hacia el reloj de bolsillo sobre la mesita. Las agujas marcan las seis y diez de la mañana