101. LA DESESPERACIÓN DE UNA MADRE
—Tus ojos... —Marta susurra, desconcertada, con la mirada fija en mi hijo.
Y ahí está, la verdad que siempre temí.
Los ojos de Iván Felipe resplandecen en un dorado feroz, el mismo tono que su padre mostraba cuando su lobo asomaba.
—No... no, no, no... —murmuro, sintiendo el terror atenazarme el pecho.
Mi hijo parece ajeno a lo que ocurre, como si la extraña luminiscencia en su mirada no existiera. Un sollozo se enreda en mi garganta, pero me obligo a ahogarlo cubriendo mis labios con ambas man