—Elliot…
—¿Quieres qu…?
—Más… —suplicó Kali y él se levantó sobre uno de sus codos, creando un espacio necesario entre los dos.
—¿Estás segura, nena…?
—Sí… por favor…
La mano izquierda de Elliot bajó hasta el nacimiento de su muslo y se apoyó allí, abriéndola, con la respiración al límite y el