—Entonces… cierra los ojos nada más…
Kali obedeció con un suspiro y se concentró en aquel roce sensual sobre su piel. ¡¿Cómo esperaba que se durmiera así?! Pero algo era seguro: no iba a protestar, no señor. Simplemente porque era delicioso. Le gustaba esa imagen, esa sensación, era la que quería g