Le dolía en el alma, pero había más en los ojos de Kali que solo tristeza. Su mujer era una guerrera, y no necesitaba un caballero andante que fuera a rescatarla. Lo que necesitaba era un fiel escudero, y él estaba dispuesto a ser lo que ella necesitara.
—¡Elliot…!
—¡Ella puede con esto! —insistió