—¡Ni siquiera te atrevas! —siseó cuando vio la tijera en sus manos.
—Esto es parte del ritual…
—¡Tú no me vas a poner una mano encima! —exclamó Kali furiosa y la mujer retrocedió un poco, conmocionada, porque jamás había imaginado que una de sus hijas le hablara así—. Si alguien tiene que hacer es