Sin embargo, cuando el avión aterrizó y la vio despertar con un bostezo cansado, su primer y único instinto fue sellarle aquella boquita con un beso. Kali sonrió contra sus labios y su lengua se enredó brevemente con la suya.
—¿Llegamos? —preguntó con suavidad.
—Sí, nena, llegamos…
El avión era p