—¡Elliot…!
Elliot escuchó la voz de Kali a dos metros de él y se abrió paso entre la multitud con un gruñido. La alcanzó, pasando un brazo sobre sus hombros, y Kali ocultó el rostro contra su pecho.
—¡Basta! —rugió Elliot y el insoportable ruido de todos aquellos periodistas hablando cesó en un so