CAPÍTULO 81. Un sacrificio
Kali retrocedió, buscando algo con qué cerrar aquella puerta además del seguro, y le hizo un gesto a Emma para que la ayudara a mover uno de los libreros pequeños de aquel despacho.
Tomó la cesta de Asha y la llevó al fondo de la habitación, poniéndola sobre el escritorio. Por fortuna la beba todavía seguía dormida, pero sabía que no demoraría mucho en despertarse.
Tecleó una contraseña en la computadora que estaba sobre el escritorio y frente a ella aparecieron las doce cámaras de la casa.