—Hola, Billy. ¿Así que ustedes dos, eh? —Le hago un gesto a la extraña pareja.
—Te escuché, Edén. —Beth sonríe y rodea la cintura de Billy con un brazo.
Ven a mí, Agonía Tía Edén.
Me inclino para abrazar a mis hijas. —Lo siento por todo y por todo lo que dije. Por favor, perdónenme—.
Toni y Beth me abrazan con más fuerza. «Te queremos, Edén», dice Toni.
—Y nunca lo dudes. Siempre estaremos aquí para ti —me tranquiliza Beth.
Lucho contra la emoción que sube a mi garganta.
—Sólo voy a tomar alg