Lleva unos vaqueros azul claro muy rotos, que dejan al descubierto sus muslos esbeltos hasta las rodillas, y tacones de aguja dorados con lazo en el tobillo. Me gustaría tenerlos envueltos alrededor de mi cabeza.
El tenue contorno de sus pezones erectos se hace evidente a través de su ajustado top blanco sin mangas, que acentúa las curvas de sus generosos pechos, su diminuta cintura y su vientre plano. Lleva varias capas de finas cadenas de oro, de diferentes longitudes y diseños. Mientras permanece allí de pie, nerviosa, la luz del escenario se refleja en un diminuto cristal azul claro que cuelga de su piercing en el ombligo.
Imaginarme rozando su piel y su ombligo con la lengua me pone la polla como loca. Me tapo la entrepierna con la ropa para recolocarme.
La música se apaga un poco. El DJ grita por el micrófono: «Hola, fiesteros. Tenemos algo especial esta noche. Para quienes no son del pueblo, estas chicas son las Trillizas Wallace. ¿No son preciosas?».
La multitud aplaude en señ