Me acerco a sus piernas para arrodillarme. Demasiado impaciente para esperar, se aprieta el puño. Observo con fascinación cómo su mano se mueve de un lado a otro.
—Tu turno. —Me guiña un ojo—. Voy a disfrutar observándote mientras te quitas esos calzoncillos mojados.
Con un brazo detrás de la cabeza, Lincoln continúa bombeándose lentamente.
Sus ojos se oscurecen y su respiración se vuelve más pesada con cada embestida, el líquido preseminal brilla en su gruesa cabeza. —Mi polla está deseando qu