ANNE
—¡Bájame! —Le doy una palmada en el trasero, fuerte. Tiene un buen trasero, y prefiero esta vista a la que tengo desde la ventana de la cocina, pero ¿qué demonios está haciendo?
Es algo totalmente inusual en él.
No puedo negar que me encanta. Me encanta lo relajado que se le ve hoy.
—No —responde, dándome una palmada en el trasero cubierto por la mezclilla—. Y cállate, o vas a molestar a las serpientes.
—¿Serpientes?—, grito, mirando a mi alrededor en la pradera.
—¡Shhh, nada de gritos! Va