PARTE II. CAPÍTULO 34
—¿Puedo pensarlo un poco? —preguntó Marisa, sintiendo una extraña sensación recorrerle del pecho a la espalda, y de regreso, como si rodeara esa parte de su cuerpo, pasando por sobre sus hombros.
Sabino asintió, y decidió darle un tiempo a solas, aprovechando el tiempo para bajar a la cocina por un poco de agua tibia, pues casi era tiempo de que Saúl comiera y, para que no hubiera sospechas de todo lo turbio que ocultaban, habían decidido que el niño tomaría fórmula mientras alguien los viera,