—Amiga —habló Adriana, llegando hasta una joven que, recargada en el brazo de uno de los tantos sofás de ese lugar, descansaba un poco la cabeza apoyada en su mano.
Emilia había estado despierta casi toda la noche, y estaba agotada de tanto llorar, así que sentía que no solo su espíritu ya no podría más, tampoco lo haría su cuerpo.
» ¿Por qué no me llamaste? Me acabo de enterar de la muerte de la tía ahorita que llegué al trabajo —señaló la compañera de trabajo de Emilia, y su supuesta mejor ami