I

Pasada la conmoción, Magdalena ayudó a su abuela a acostarse, asistiéndola en colocarse la ropa de dormir y en acomodarse en la cama.

 —Zondar ha estado bajo mucha presión últimamente —decía la anciana— dejó embarazada a otra mujer recientemente, ya tiene cinco hijos con cuatro mujeres distintas. La policía de una localidad cercana lo anda buscando, y no ha conseguido dinero suficiente para mantener a su familia en semanas. Y sin embargo, siempre comparte la comida contigo.

 —No me importa, lo hace por la lascivia que tiene hacia mí desde niño. Y no necesito su dinero, danzaré y tocaré la pandereta ante los blancos del pueblo y así tendré dinero. No será tanto, pero me las arreglaré.

 —Te comprendo, querida. Eres mi nieta favorita. Querida niña mía, hace ya diez años que tu padre y el pa

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