NICK.
El amanecer en nuestra nueva casa se sentía diferente a cualquier otra mañana que hubiera experimentado en años. No era solo el hecho de estar en un lugar nuevo, sino la sensación de hogar que había construido con Elizabeth y Ela. Me desperté con una sonrisa, sintiendo el calor del cuerpo de Elizabeth a mi lado, su piel suave y cálida bajo la fina sábana que apenas la cubría.
Me quedé observándola por un momento, dejando que la paz de ese instante me envolviera. Había algo tan puro y seren