ELIZABETH.
El día había llegado. Después de meses de tratamientos, exámenes, y noches sin dormir, finalmente era el momento de llevar a Ela a casa. Mi corazón estaba lleno de gratitud y alivio, pero también de nerviosismo. Había tanto que temía, tanto que aún estaba por resolver, pero hoy no quería pensar en eso. Hoy, solo quería celebrar la vida de Ela, su valentía, y la oportunidad que teníamos de seguir adelante como una familia.
Cuando entré en la habitación de Ela, la encontré radiante, ves