Isabella se sorprendió al escuchar lo que había sucedido en su ausencia, una sonrisa asomo en sus labios.
—Al menos esa desgraciada esta muerta, ya era hora, me alegra saber que ya no respira, es una lástima que no haya podido asesinarla, yo misma, lo habría disfrutado.
—Pero debe de ser cuidadosa, Arnold sigue libre, todas las mañanas le envía rosas y no precisamente para alegrarla, sus notas son realmente espantosas.
Una sonrisa triste se formó en los labios de la mujer, Arnold podía odiarl