Gianna estaba sentada en la camilla de la habitación, los doctores se habían hecho cargo de ella, tenía unos cuantos moretes, rasguños y un par de heridas.
No había nada de que preocuparse, estaba a salvo, la puerta se abrió de golpe, Salma ingreso al lugar.
Tenía lágrimas en los ojos, le mostró una sonrisa, estaba feliz de seguir con vida, su amiga se acercó y la abrazo con fuerza.
—Gracias a los dioses, estás bien, estaba tan asustada, pensé que iba a perder a la única amiga que tengo —soll