El sol estaba en lo alto, derramando su calidez sobre la playa. La risa de William resonaba con fuerza mientras corría por la arena, esquivando las olas que lamían la orilla. Jeremy lo perseguía con un balón en las manos, intentando atraparlo, pero el niño era rápido, ágil como una pequeña sombra que se deslizaba con facilidad.
—¡Eres muy lento, papá! —gritó William, deteniéndose un momento para sacar la lengua en un gesto burlón antes de volver a correr.
Jeremy se detuvo, fingiendo agotamien