SESENTA

Cuando James había vuelto a la habitación de Susan, ella estaba con los ojos cerrados las manos del hombre pican por tocarla por acariciar su rostro suavemente, James solo podía pensar en volver a acariciar a su esposa, en sentir su piel suave bajo sus manos, en besar sus labios y en abrazarla con fuerza. El deseo lo consumía, pero sabía que ahora era imposible. Aun así, no podía evitar anhelar esos momentos de intimidad y conexión que tanto extrañaba. Susan siente la intensidad de la mirada as
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