Helen se había sonrojado ante las palabras de Maximus, los ojos de aquel imponente hombre eran profundos y llenos de deseo, se posaron en el rostro de ella que brillaba con una luz singular. Su piel, suave y delicada, parecía más radiante, como si la naturaleza misma la abrazara. Un silencio cargado de tensión se instauró entre ellos, un silencio que decía más que mil palabras. Helen se había apartado mínimamente segundos atrás, Entonces la frágil distancia que los separaba se volvió un imán, a