Valentina, estaba ya exhausta, cuidar de su traviesa Violeta y su pequeño Valentino no era tarea sencilla, parecía que no conocían del instinto de supervivencia, debía cuidarlos de que no murieran diariamente
La bella luna ya estaba quedándose dormida en su cama conyugal cuando el Alfa entró en ella, el lobo no había olvidado sus palabras, era solo que se había demorado bastante en arrullar y dormir a su pequeña princesa
— Cariño, ya se durmieron los cachorros, ¿no vas a darme amor a mí tamb