Capítulo 18. Una mentira piadosa.
Erika sintió que se le partía el corazón. Había oído la súplica desesperada de la niña, rogándole que no enviara a su padre a la cárcel, porque estaba enfermo.
El llanto de la niña estaba lleno de emoción y dolor, y Erika se vio incapaz de ignorarlo. Nunca había oído a alguien llorar con tanta pena en su vida; era desgarrador.
—Él es un buen papá, me canta canciones aunque con su voz gruesa, me cuenta cuentos, juega con mis muñecas y me deja pintarlo bonito, me monta en sus hombros para que m