RILEY…
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Maldita sea, las mañanas eran lo peor. Bajé las escaleras arrastrando los pies, el pelo hecho un desastre, un ojo medio cerrado, bostezando como zombi. El estómago me rugió en queja.
—¿Me perdí el desayuno? —murmuré, apoyándome en la barandilla.
Soren ni siquiera levantó la vista de la mesa, los ojos pegados a la pantalla del portátil, desplazándose por mapas y reseñas de senderos.
—Sí, pero Khloe te traerá algo —dijo sin apartar la mirada.
Resoplé.
—Claro. Porque ahora la comida t