RILEY…
—No es nada, mamá —dijo Soren, pasándose una mano por el pelo. Con disimulo empujó algo debajo del banco con el pie.
Mierda… era el vibrador, comprendí con una nueva oleada de calor en las mejillas—. Solo… cosas de casados. Ya sabes cómo es.
—Lo sé —suspiró ella, dando otro paso hacia el interior de la habitación. Sus ojos recorrieron el espacio y contuve el aliento, pegándome más fuerte contra la pared. ¿Podría verme?—. Es que… he oído más que solo caer un peso. Parecía… voces.
La espal