…RILEY…
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Un jadeo agudo se me escapó de la garganta. La cabeza se me fue hacia atrás contra la pared con un golpe suave. Los ojos se me cerraron un instante y luego se abrieron, encontrando los suyos en el espejo.
Verlo tocarme, ver sus manos sobre mi cuerpo, era una tortura exquisita por derecho propio. Un placer brillante me recorría desde los pezones hasta el calor palpitante entre las piernas.
No podía quedarme quieta. Moví las caderas hacia atrás contra él, un balanceo lento y delibe