83— Una coartada perfecta.
…RILEY…
Soren no contesta sus llamadas.
Ya lo llamé dos veces, miré la pantalla durante un minuto entero como si el maldito aparato pudiera sonar mágicamente, pero nada. Probablemente está metido hasta las rodillas en reuniones o amenazando con despedir a la mitad del departamento a estas alturas. Así que me toca a mí. Otra vez.
Me toca a mí asegurarme de que Cass no vea lo que hay en esa USB.
Lo habría ignorado, de verdad, si no fuera por la maldita inscripción. Ábrelo si te atreves. La misma