84— La petición del chantajista.
…RILEY…
Debo de haberme quedado dormida esperándolo, porque lo siguiente que sentí fueron unos labios cálidos y suaves rozándome el cabello, presionando entre los mechones.
Abrí los ojos y vi el rostro de Soren muy cerca, con el aliento cargado de un leve aroma a lluvia y café de oficina.
—Hola, Riley —murmuró Soren, con la voz baja y ronca por el cansancio. Se inclinó y me besó los labios lentamente, un roce que se prolongó lo justo para despertar ese conocido dolor en la parte baja de mi vien